Creo que el golf es, ante todo, un juego mental. La técnica es importante, pero la diferencia real está en cómo manejamos la mente: la paciencia, el enfoque y la capacidad de mantener la calma bajo presión. Un buen swing puede aprenderse con práctica, pero la fortaleza mental es lo que permite repetirlo con confianza en cualquier situación. En mis clases, entrenamos tanto la técnica como la mente, para que cada golpe sea el resultado de un cuerpo preparado y una mente serena.